A veces he intentado luchar contra las horas del lobo... pero no ha servido de nada.
Por qué a veces es mejor aceptarlas en lugar de luchar contra ellas...
Hay momentos en la noche en los que el mundo parece haberse detenido. El reloj marca una hora que a menudo llamamos «hora del lobo», ese momento entre la medianoche y el amanecer en el que la oscuridad es más profunda y los pensamientos se hacen más intensos.

Un momento místico entre la noche y la mañana
La hora del lobo, también conocida como la hora de las brujas, se refiere al periodo comprendido entre las 3 y las 4 de la madrugada. En la literatura, la mitología y la psicología, se considera la hora más misteriosa de la noche, un momento en el que el velo entre la conciencia y el subconsciente, la vida y la muerte, la realidad y los sueños parece especialmente fino.
Quizás conozcas esa sensación: estás despierto, tu mente está inquieta e intentas luchar contra esa hora. Pero por mucho que lo intentas, parece que no sirve de nada. ¿Por qué es así? ¿Y si, en lugar de eso, aprendiéramos a aceptar la hora del lobo?
El origen del término
El término «hora del lobo» proviene originalmente de los mitos nórdicos y germánicos: se dice que durante esta hora los lobos merodean, los demonios despiertan y las almas pierden la paz. En la tradición cristiana, esta hora se considera a menudo la inversión «diabólica» de la hora divina, las 15:00, supuesta hora de la muerte de Jesús.

Una vez más, las hormonas son las culpables de que nos despertemos por la noche...
La hora del lobo no es una casualidad. Es una parte natural de nuestro ritmo circadiano, el reloj interno que controla nuestro ciclo de sueño y vigilia. Fisiológicamente, este despertar está relacionado con nuestros niveles hormonales, más concretamente con la interacción entre la melatonina, la serotonina y el cortisol.
La melatonina es conocida comúnmente como la «hormona del sueño», que nuestro cuerpo segrega cuando oscurece y luego convierte en serotonina, la «hormona del bienestar». La secreción de cortisol es una reacción del cuerpo al estrés.
Hacia las 3 de la madrugada, nuestra temperatura corporal desciende considerablemente durante el sueño y los niveles de melatonina son altos. Al mismo tiempo, los niveles de cortisol y serotonina son bajos. Esta constelación hace que no tengamos el efecto antiestrés del cortisol ni el efecto estimulante de la serotonina. Junto con la gran actividad de la melatonina, el equilibrio hormonal necesario para dormir bien se ve alterado y nos despertamos más fácilmente.
A esto se suma que, durante esta fase nocturna, la circulación sanguínea en determinadas áreas del cerebro se reduce ligeramente. Cuando nos despertamos, somos más propensos a tener sentimientos negativos como el miedo, el pesimismo y la susceptibilidad. Por lo tanto, durante esta fase de la noche, no solo nos despertamos más fácilmente, sino que también nos cuesta más volver a conciliar el sueño, ya que caemos rápidamente en cavilaciones y espirales de pensamientos negativos.
Por qué luchar no sirve de nada
Muchos intentamos luchar contra esta hora. Nos obligamos a dormir, nos distraemos o nos enfadamos por no poder conciliar el sueño. Sin embargo, a menudo esta lucha solo refuerza la sensación de impotencia. ¿Por qué? Porque luchamos contra algo que está profundamente arraigado en nuestra biología. La hora del lobo no es un enemigo, es parte de nosotros.
Cuando intentamos luchar contra la hora del lobo, nos presionamos a nosotros mismos. Esperamos poder dormirnos inmediatamente o desconectar o calmar nuestros pensamientos. Pero cuanto más nos esforzamos, más resistencia generamos. La mente se convierte en un campo de batalla y el silencio de la noche se convierte en un enemigo aterrador.
A esto se añade que la hora del lobo suele ser un momento de reflexión o de ralentización. En el ajetreo de la vida cotidiana, rara vez tenemos la oportunidad de detenernos y enfrentarnos a nuestros pensamientos. La noche recupera lo que hemos reprimido durante el día. Cuando intentamos suprimir estos pensamientos, solo reforzamos su presencia.
¿Una oportunidad para conocerte mejor y hacer las paces con tus pensamientos?

Aquí tienes algunas ideas para aprovechar la hora del lobo:
- Respira conscientemente: concéntrate en tu respiración. Las respiraciones lentas y profundas pueden ayudarte a calmarte y relajarte.
- Escribe tus pensamientos: a veces ayuda poner los pensamientos en papel. No tiene que ser perfecto, se trata de dejarlos salir y ganar claridad.
- Acepta el silencio: la hora del lobo es un momento de calma y reflexión. En lugar de luchar contra ella, puedes aprender a aprovecharla como un momento de introspección.
- Enciende la luz y lee: si las preocupaciones te quitan el sueño, puede ayudarte encender la luz y leer un poco. Esto puede volver a darte sueño y calmar tus pensamientos.
- Levántate: si eso tampoco ayuda, levántate despacio y con cuidado. Siéntate en el sofá con un vaso de agua y evita la luz excesiva para no despertar innecesariamente el cuerpo. No utilices el smartphone ni el ordenador portátil, a menos que tengan un modo nocturno con filtro de luz azul.
- Vuelve a la cama solo cuando estés cansado: es importante no acostarse frustrado e intentar forzar el sueño. Solo cuando estés realmente cansado y te sientas somnoliento, debes volver a acostarte y cerrar los ojos.
¿Cuál es tu experiencia con la hora del lobo? ¡Nos encantaría leer tus comentarios!